MUJER: VIOLENCIAS Y LIBERACION por Ana Basaldua. Publicado en euskara bajo el título Borroka feministen historia luzea. Feminismoa eztabaidagai en EZPALA Aberzaleko Aldizkaria. Publicación de la Izquierda Abertzale. (Pedro Egaña, nº 2-1.esk. 20.006 Donostia) nº 0. 1996. pp. 14-21.
Semejante experiencia histórica contradice radicalmente las dos expresiones fundamentales de la tesis que defiende nuestra no participación en las luchas y resistencias. Podríamos resumir la tesis en lo siguiente: "las mujeres son pacíficas por naturaleza o por ley moral natural, o por designio de dios y ni pueden ni deben cometer actos de violencia". Al amparo de esta tesis y también para reforzarla porque es históricamente refutada, el poder patriarcal construye un complejo entramado que va desde el confesionario y púlpito hasta el psiquiatra y el sistema de imposición que se oculta tras eso que llaman "mundo de la moda femenina".
Las y los defensores de esta tesis aducen como "demostración" el hecho de que son relativamente pocas las mujeres que participan en las resistencias y luchas. Dicen: "son pocas porque va contra su naturaleza, o contra la ley moral natural, o contra la ley de dios". Y concluyen: "es la apropiación de valores masculinos que les son ajenos los que les llevan a ello". En realidad es lo contrario: la presión masculina permanente es la causa de que seamos relativamente pocas las que defendamos la necesidad de todas las formas de resistencia. En realidad, la presión masculina va encaminada a hacernos pasivas, dóciles y colaboracionistas con el poder.
No existe ninguna razón de tipo genético o, en general, biológico que explique nuestra supuesta "naturaleza pacífica". Desde final del siglo XIX, al amparo del darwinismo social y respondiendo a los intereses del imperialismo, se desarrolló una corriente genetista obsesionada en demostrar científicamente tres cosas: la superioridad de los blancos, las causas genéticas de la vagancia y la pobreza y, la inferioridad o "especificidad" genética de la mujer. Pese a todos sus esfuerzos y trampas contra la ética científica y el rigor metodológicos -los escándalos al respecto han sido y son mayúsculos- los genetistas no han logrado nunca demostrar nada, mientras que, por contra, una y otra vez se confirman nuestras tesis, las del feminismo, y en general las que sostienen como origen de los problemas descritos el contexto socioeconómico y sociocultural. Y menos aun existen las famosas "razones eternas" tan caras a los defensores del orden: las leyes morales naturales y la voluntad de los dioses.
Desde hace algunos años se ha desarrollado una variante progre de esa tesis. Consiste en la mezcla de versiones ecologistas con partes naturalistas, nos explicamos. Muy relacionado con el ascenso de los llamados "movimientos alternativos", "política verde", "ecopacifismo", etc, creció el pacifismo feminista. Lo sintetizamos por razones de espacio: las mujeres somos creadoras de vida; nuestro entero sistema psicosomático, nuestro cuerpo y mente, se realiza creando vida, nunca destruyéndola; la violencia es creación masculina mientras que el pacifismo es creación femenina, precisamente porque no es posible crear vida para, a la vez, destruirla; crear vida requiere unos comportamientos propios: paciencia, comprensión, amor, dulzura, suavidad, ternura... Por contra, destruir vida requiere justo lo opuesto: impaciencia, incomprensión, odio, acritud, dureza, osquedad...
Las instituciones para crear vida, como familia, democracia, cultura, solidaridad..., tienen, pese a sus intoxicaciones masculinas, fuertes contenidos femeninos de calor humano, diálogo, conocimiento y solidaridad. Las instituciones para destruir vida, como ejército, dictadura, fanatismo, egoísmo... son características de los valores masculinos y opresores. El pacifismo feminista busca la extensión social de sus valores mediante actos y formas no violentas. Algunas corrientes suyas defienden el acceso a los puestos político-administrativos del poder establecido con la excusa de que, desde ellos, es más fácil impulsar la transformación pacífica de la sociedad.
No nos vamos a extender aquí en la crítica de la efectividad no sólo del centrismo reformista de esas corrientes, ni del pacifismo feminista en su totalidad. Sólo tenemos espacio para criticar su tesis básica consistente en la división maniquea de los valores femeninos versus masculinos, en esa bipolaridad antagónica de lo bueno con lo malo. Se trata del mismo error que el cometido por quienes recurren a dioses y las "verdades eternas" de la ley moral natural. La realidad histórica es infinitamente más compleja y rica que todo eso y, sobre todo, descalifica radicalmente toda creencia infundada en supuestas características opuestas de sexos opuestos, uno de los cuales portaría los valores buenos y el otro los malos.
El pacifismo feminista tiene, empero, algunos méritos en su haber y algunas lecciones que ofertarnos: su reivindicación de valores alternativos a los dominantes, esa insistencia en el desarrollo personal-colectivo de formas vivenciales cálidas y afectivas precisamente cuando aumenta la frialdad inhumana del sistema patriarco-burgués, etc, son innegables. Pero surge de inmediato una pregunta ¿acaso son incompatibles esos valores con la práctica de todas las formas de lucha? Mas aún: ¿acaso muchas mujeres que han practicado y practican la lucha armada, o que han intervenido en largas guerras revolucionarias o en sangrientas defensas de conquistas de género, nacionales y de clase atacadas por la reacción asesina, no han practicado y practican esos valores en condiciones extremas, durísimas y decisivas? Viceversa ¿acaso muchas mujeres "pacíficas" y "dulces" amantes de sus amos -padres, esposos, patrones y párrocos- no son unas auténticas harpías violentas y agresivas con aquellos/as sobre los pueden ejercer su poder (hijos, criados, etc)?
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